domingo, 18 de mayo de 2008

Divina juventud

Hace poco vi “Youth Without Youth” (2007), la última película del señor Francis Ford Coppola, una pequeña película rodada prácticamente en Europa, más concretamente en Rumania y la isla de Malta, y protagonizada por Tim Roth, y la pareja más carismática del reciente cine contemporáneo: Hitler y su secretaria, quiero decir, Bruno Ganz y Alexandra María Lara.

Pantalla de créditos de “Youth Without Youth”(2007)

Mr. Coppola llevaba ya un largo período retirado del cine y dedicado a otros menesteres quizás más acordes con su exquisito hedonismo, como son editar una revista literaria (Zoetrope: All-Story) y comercializar el exclusivo vino que produce en sus viñas californianas. El caso es que Francis, como lo llaman en casa, es inquieto e hiperactivo y, afortunadamente para sus admiradores, ha vuelto, como Terminator, a su gran amor, el cine y, con ánimos renovados, y sabias maneras, ha puesto todos sus huevos en la cesta -esta expresión quizás no es muy afortunada- y está el hombre que no para, reinventándose a sí mismo y haciendo un cine artesanal, autofinanciado, con el fin de no comprometer sus sólidos principios de artista a las mefistofélicas e implacables grandes productoras estadounidenses. ¡Qué malos son los productores!

El resultado es, a juzgar por su primera “nueva” película, totalmente ... ¿delirante? ¿cerebral? ¿extraño? ¿rrraaaroooooooooo? Yo diría chispeante, sorprendente y ... vaya, ¡qué raro ... Francis nunca toma una segunda taza de café!

Igual esta entusiasmada impresión se debe a que llevaba una mala racha, viendo, una tras otra, películas mediocres, previsibles y aburridas. Sea cual sea la razón el caso es que, de repente, vi la de Coppola y todo era, no sé cómo describirlo, extraño, sorprendente, con un aire a antiguo, a clásico, en el buen sentido claro, con una fotografía cuidada, unos créditos ... ay, esos títulos de crédito me conquistaron rápidamente. Y como me gustaron tanto, y estaban acompañados por la estupenda música del compositor argentino Osvaldo Golijov ya no pude sino rendirme feliz y entregado. La película es muy recomendable aunque sea farragosa, densa a más no poder y quizás irremediablemente pretenciosa. Pero a la vez es mágica, interesante y ... en definitiva, una razón más para celebrar el regreso de Mr. Coppola y esperar con anticipación su próxima entrega, “Tetro”, que anda rodando en Argentina con Vincent Gallo (que sustituye al exhausto Javier Bardem) y Maribel Verdú entre otros, y para la que vuelve a contar con Golijov. Hasta entonces, intenten ver “Juventud sin juventud”, si es que se estrena algún día, o disfruten de estos bellos y líricos títulos de crédito.


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